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lunes, 9 de marzo de 2015

Árbitro de la Cristiandad
San Luis, estadista de la Cristiandad 6

San Luis: estatua en Saint Louis, Missouri, EEUU.  Fondo: rosácea de Notre Dame de París.
San Luis: estatua en Saint Louis, Missouri, EEUU.
Fondo: rosácea de Notre Dame de París.


continuación del post anterior: “Resurrección” y Cruzada

A partir de 1241empeoraron las noticias provenientes de Europa Oriental y de Tierra Santa. La invasión de los mongoles llegó a Polonia, a Hungría y a Rumania, después de devastar Rusia y Ucrania.

El jefe mongol Subedei miraba al corazón de Europa, pero después de aplastar al rey de Hungría en Mohi, volvió apresurado para Asia por razones no esclarecidas. La valiente reina Blanca quedó muy temerosa, pero San Luís parecía ser el único que intuía que la invasión no prosperaría.

“Cuando vio a Europa amenazada por los tártaros – cuenta Pourrat – San Luís dijo: `Tened coraje madre mía; o nosotros los ponemos en las puertas del infierno o ellos nos abrirán las puertas del Cielo´”.

El santo fue perspicaz estratega y hombre de fe: o él los vencería y ellos irían al infierno por ser paganos horriblemente criminales, o él moriría e iría al Cielo. Nada se perdería luchando contra ellos.

Una de las situaciones más tempestuosas para arbitrar se dio en Bretaña, un ducado enfeudado a Francia pero casi independiente de los puntos de vista de gobierno, cultural, étnico y lingüístico.

Allá, Pierre de Dreux, pariente de San Luís, se tornó Duque. Audaz jefe de guerra, pero turbulento señor feudal, Pierre ganó el sobrenombre de “Mauclerc” (mal clérigo) por sus exacciones a la Iglesia.

Sus fricciones con los obispos bretones le valieron diversas excomuniones. Los Papas poco consiguieron junto a este hombre que dividió la nobleza con conflictos de toda especie.

Después de innúmeros desórdenes, San Luís entró militarmente en Bretaña y lo despojó del ducado por felonía. “Mauclerc” se rebeló, pero el ejército real, apoyado por buena parte de la nobleza bretona, extinguió la rebelión.

Pìerre de Dreux se sometió al joven rey en París, en 1234. San Luís no lo humilló, sino que dispuso que Bretaña quedara en poder del hijo de él, Juan, el cual, a su vez, juraría vasallaje al rey de Francia junto con los nobles rebeldes.

El santo monarca concedió a Pierre de Dreux el pequeño feudo de Braine. Así, “Mouclerc” se volvió “Braine” y acompañó al rey en la Cruzada a Egipto, donde fue gravemente herido y murió al volver, recibiendo digna sepultura en la necrópolis familiar de Dreux.

Árbitro entre Papas y Emperador

San Luis en el encuentro con el Papa Inocencio IV, en Lyon, 1248.  Louis-Jean-Francois Lagrenée (1724 – 1805)
San Luis en el encuentro con el Papa Inocencio IV, en Lyon, 1248.
Louis-Jean-Francois Lagrenée (1724 – 1805)
Mucho más complicada era la secular lucha entre el máximo poder temporal de la Cristiandad – el emperador del Sacro Imperio – y el supremo poder espiritual, e indirectamente temporal, de los Papas.

El emperador Federico II Hohenstaufen invistió contra los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV, habiendo sido excomulgado dos veces. Gregorio IX lo calificó de “Anticristo”. Inocencio IV, un año apenas después de su elección, huyó de Italia perseguido por él.

Nobles partidarios de uno y de otro estaban en situación de guerra civil y religiosa en Alemania y en Italia. En ese enfrentamiento, el rey santo, que ya era el más respetado de los príncipes cristianos, podría haber hecho prevalecer su influencia sobre el Papa y el Emperador.

Entretanto, rehusó a eso, pues quería reconciliarlos respetando sus superioridades. Francia estaba prosperando tanto, que podía arcar sola con la responsabilidad de la Cruzada. Pero Luís quería unirlos en esta santa empresa.

Gregorio IX ofreció la corona imperial al conde Roberto de Artois, hermano de San Luís. Con todo, el rey no aceptó, pues podía parecer usurpación y falta de respeto al emperador.

El 3 de mayo de 1241, arzobispos franceses que iban a un concilio convocado por Gregorio IX fueron presos por Federico II. San Luís IX le pidió explicaciones, a lo que él respondió secamente:

“Que vuestra majestad real no se espante cuando César prende en el aprieto y en la angustia a aquellos que vinieron para crear angustia al César”. San Luís IX retrucó con tanta habilidad que los arzobispos fueron liberados.

Expulsado de Italia, Inocencio IV se instaló en Lion y marcó para 1245 un Concilio que juzgaría al Emperador. Éste reunió un ejército en Turín, buscando impedir la asamblea. San Luís IX le hizo saber, con tacto y fuerza: “No toquéis en el Soberano Pontífice, para que no incurras en la cólera de Dios”.

San Luis mediador en un litigio entre el rey de Inglaterra y eus barones.  Georges Rouget (1783-1869), Versailles
San Luis mediador en un litigio entre el rey de Inglaterra y eus barones.
Georges Rouget (1783-1869), Versailles
El emperador entendió: envió al Concilio un jurista para defenderlo, comunicó que iría a la Cruzada contra los mongoles y los sarracenos, y que indemnizaría a la Santa Sede.

Pero no cumplió lo prometido, volviendo a los abusos. Fue entonces excomulgado. Abandonado por buena parte de sus adeptos, pidió la intercesión de Luís IX.

Éste marcó un encuentro sigiloso con Inocencio IV en la abadía de Cluny. San Luís imploró al Papa que aceptase la propuesta del Emperador a cambio de la obligación de ir a la cruzada. El litigio sólo acabó con la muerte del Emperador.

Al final del caso, San Luís quedó consolidado como árbitro de la Cristiandad, en él confiando Papas, emperadores, episcopados y nobleza, además de corporaciones de oficio, de estudiantes y ciudades libres.

continúa en el próximo post: Las Cruzadas


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lunes, 23 de febrero de 2015

“Resurrrección” y Cruzada
San Luis, estadista de la Cristiandad 5

San Luis se despierta y anuncia la decisión de partir en Cruzada
San Luis se despierta y anuncia la decisión de partir en Cruzada


Continuación del post anterior: La Corona de Espinas y la Sainte Chapelle


San Luís regresó de Taillebourg padeciendo una disentería que se agravó rápidamente. Ésta había sido la causa de la muerte de su padre, Luís VIII.

La reina madre, Blanca de Castilla, pidió al abad de Saint-Denis – abadía donde reposan los restos de los reyes de Francia – que expusiese a veneración pública el cuerpo del glorioso San Dionisio, protector del reino, así como las reliquias de San Eleuterio y San Rústico, sus compañeros de martirio. San Luís ya había hecho su testamento, y murmuraba en voz baja:

“Miradme. Yo era el hombre más rico y más noble del mundo, el más poderoso de todos por los tesoros, por mi poder y por mis amigos, y he aquí que no puedo obtener de la muerte ni siquiera una tregua, ni una hora a la enfermedad. ¿De qué vale todo eso?”

Cuando él perdió el conocimiento, los médicos anunciaron su fin inminente. El Palacio Real se llenó de lamentaciones, suspiros y llantos. El clero recibió la orden de preparar las exequias. En cierto momento, se creyó que el santo héroe había muerto.

Joinville cuenta: “Él llegó a tal punto, que una de las damas alrededor quiso retirar el paño del rostro, diciendo que estaba muerto. Otra no quiso. Y mientras discutían, Nuestro Señor actuó en él y le devolvió la salud. En seguida que pudo hablar, pidió que le impusiesen la Cruz, y así se hizo. Entonces, al oír decir que él había hablado, la reina madre manifestó el más grande júbilo que podía. Pero cuando supo que el hijo se había cruzado [decidido ir a la Cruzada], como él mismo decía, ella quedó en un estado de luto como si lo hubiese visto muerto”.

Vitral de la catedral Notre Dame de París  representando a San Luis rey
Vitral de la catedral Notre Dame de París
representando a San Luis rey
San Luís IX explicó que Nuestro Señor lo había sacado de entre los muertos para que adoptase la Cruz, formase un ejército y reconquistase Jerusalén, que gemía desde 1187 bajo la tiranía musulmana.

Las reinas Blanca y Margarita, los consejeros reales y las altas autoridades eclesiásticas intentaron de todo para disuadirlo. Pero en vano. Él tenía certeza de que había sido salvado de las fauces de la muerte para cumplir esa misión, y no por una simple misericordia de Dios.

Del antiguo reino de Jerusalén sólo quedaba San Juan de Acre y algunos puertos más, destartalados. El espíritu sobrenatural de la Cruzada estaba muerto. San Luís IX lo resucitaría con el fervor de los tiempos de Godofredo de Bouillon y sus compañeros de expedición.

Reformador sabio y prudente

Previendo una ausencia larga o definitiva, Luís IX quiso, antes de lanzarse en la Cruzada, palpar el estado del reino, dar protección a los más débiles y reconciliar a los poderosos.

En 1247, inspectores recorrieron el reino como otrora los missi dominici de Carlomagno. Dominicanos y franciscanos, Órdenes que vivían un momento de fervor y seriedad, iban en duplas anotando las quejas de los pobres en los campos y en las ciudades, sin tomar contacto con los bailios (gobernadores de provincia, al mismo tiempo jueces, jefes militares y recogedores de impuestos).

La investigación permitió a San Luís modificar el Consejo Real, cambiarles tres cuartos de los bailios y definir los límites precisos de sus poderes.

También moderó los poderes judiciales de la alta nobleza, haciendo que todo el reino pudiese apelar al rey como juez supremo.

El escudo de oro de San Luis
El escudo de oro de San Luis
San Luís también estableció reglamentos relacionados a las costumbres de las corporaciones de oficio – los “sindicatos” de la época – concediéndoles autonomía y estabilidad.

Reorganizó la Intendencia de París y creó una moneda: el escudo de oro y el grand denier de plata para facilitar el comercio, poner fin a los fraudes y moralizar a actividad económica.

Un gobernante de hoy que interviniese tanto en las costumbres del país se tornaría antipático, pero el carisma real y la luz de la santidad del monarca brillaron en esas reformas y él fue bendecido por el pueblo.

El escudo de oro fue la primera moneda, en el sentido moderno, emitida por un rey. En ella estaba acuñado el escudo – de donde el nombre – con el blasón fleurdelisé del santo rey.

El escudo de San Luís fue padrón hasta la Edad Moderna, siendo reeditado por sus sucesores e imitado por obispos, príncipes y señores que emitían moneda, y hasta aún por los Papas, porque era digno de fe y libre de fraude.

¡La moneda fue conservada por muchos como una medalla religiosa! Así, hubo un plebiscito mudo aprobando la confianza de los franceses en su rey.

Continua en el próximo post: Árbitro de la Cristiandad


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lunes, 9 de febrero de 2015

La Corona de Espinas y la Sainte-Chapelle
San Luis, estadista de la Cristiandad 4

San Luis: estatua de la cripta de la Sainte Chapelle.  Fondo: capilla superior. Corona de Espinas en el relicario actual.
San Luis: estatua de la cripta de la Sainte Chapelle.
Fondo: capilla superior. Corona de Espinas en el relicario actual.
Luis Dufaur


Continuación del post anterior: El banquete de Saumur

Mientras ponía orden en Francia y preparaba la Cruzada, San Luis ejecutó un proyecto que marca a Francia hasta hoy.

En 1239, el Imperio de Bizancio consignó la Corona de Espinas a banqueros venecianos como prenda de una deuda de 135.000 libras tournois. (5).

¡La cantidad equivalía a la mitad de las entradas del reino francés en un año!

Entretanto, si comparada con los presupuestos multimillonarios de los gobiernos actuales, parece pequeña: U$ 33.446.900,00.

San Luis asumió la deuda, con la condición de que la reliquia quedase bajo la guardia de la casa real francesa, en una negociación podría ser comparada a préstamos actuales del FMI y bancos multinacionales.

Firmados los acuerdos y confirmada la autenticidad de la reliquia, ésta fue llevada a Francia por religiosos dominicanos.

lunes, 26 de enero de 2015

El banquete de Saumur
San Luis, estadista de la Cristiandad 3

San Luis en la batalla de Taillebourg.  Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix 1798-1863, Galerie des Batailles, Versailles
San Luis en la batalla de Taillebourg.
Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix 1798-1863, Galerie des Batailles, Versailles
Luis Dufaur


Continuación del post anterior: Rey mientras que santo y santo mientras que rey

En 1237, el nuevo rey invistió a su hermano Alfonso como conde de Poitiers, un riquísimo, brillante y populoso feudo.

¡Pero, infelizmente, un nido de revueltas de la nobleza local! Atizados por el rey Enrique III, de Inglaterra, que soñaba con ser rey de Francia, los señores feudales no cesaban de hacer intrigas.

Ya germinaba la discordia que terminaría en la guerra de los Cien Años. Los intrigantes habían motejado al joven monarca como “rey de los monjes”, como “devoto” incapaz de defender su herencia.

San Luis IX quiso conferir a la investidura del hermano un carácter oficial y solemne.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La primera mirada del Niño Jesús


Este fresco representando la Natividad del Niño Jesús es de Giotto, y se encuentra en la Capilla de los Scrovegni, en Padua.

San José está durmiendo. A su alrededor están las ovejitas, el burro y otros animales. Los ángeles llenan el cielo, cantando Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis!

Y los pastores oyen atentos el cántico celestial. Es exactamente lo que la liturgia celebrará en la Nochebuena, el 24 de diciembre.

* * *

Es entrada la noche. Nuestra Señora acaba de dar a luz al Niño Jesús de un modo misterioso y maravilloso.

Su gesto, su actitud, es presentado como el de una persona enteramente sana que se vuelve en su lecho para confortar, para mejor acondicionar al Niño.

Ella realiza ese gesto con una desenvoltura física que no es lo propio de una madre que acaba de dar a luz.

lunes, 8 de diciembre de 2014

“Los 12 días de Navidad”:
Canción y catecismo de los católicos perseguidos

San Gabriel, Rodez, Francia
San Gabriel, Rodez, Francia


Hay una linda música de Navidad inglesa titulada Twelve Days of Christmas (Los 12 días de Navidad), poco conocida entre nosotros, y que surgió durante la época de la persecución anglicana contra los católicos en aquel país, en el siglo XVI.

Con la seudoreforma protestante, países como Inglaterra, al abandonar el regazo de la Santa iglesia y caer en la herejía, comenzaron a perseguir a los católicos, tornando casi imposible la práctica de la verdadera Religión.

Para comunicar a los fieles la sana doctrina y poder celebrar sin miedo de represalias la Navidad del Salvador, según la tradición de la Santa Iglesia, católicos ingleses compusieron esa música, que es un catecismo secreto, en cuanto expresa en símbolos la realidad de nuestra fe.

Fue también utilizada muchas veces por los católicos durante las persecuciones anticristianas y antimonárquicas de la Revolución Francesa.

Intente decifrar su significado y después vea como le fué:

lunes, 1 de diciembre de 2014

Rey mientras que santo y santo mientras que rey
San Luis, estadista de la Cristiandad 2

San Luis recibe enviados del Viejo de la Montaña, o Príncipe de los Asesinos,  secta islámica. Guy-Nicolas Brenet  (1728 — 1792)
San Luis recibe enviados del Viejo de la Montaña, o Príncipe de los Asesinos,
secta islámica. Guy-Nicolas Brenet  (1728 — 1792)
Luis Dufaur








Continuación del post anterior: Cachorro de León

San Luis habría preferido vivir en un monasterio, en la abstinencia y en la meditación, explicó en conferencia el renombrado historiador Georges Bordonove.

Entretanto, nació en una cuna de oro agitada por la Historia y con una misión divina: regir a la hija primogénita de la Iglesia y tornarse el árbitro de la Cristiandad en el siglo XIII. Su aspiración a la santidad fue realizada en la responsabilidad tremenda de monarca y estadista europeo.

“Él sabía comparecer en grande pompa, acoger con fausto, daba fiestas y festines cuando era necesario. Respetaba altamente su condición de rey.

“Pero en la vida privada ignoraba el lujo, mezclaba mucha agua en el vino y en los temperos para quitarles el gusto.

“Cuando iba a las procesiones, llevaba calzados sin suela para ocultar que caminaba con los pies descalzos, en el barro o en el pedregullo, pues la calles de París no estaban pavimentadas”, explicó Bordonove.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cachorro de León
San Luis, estadista de la Cristiandad 1


Luis Dufaur










“La Sabiduría eterna descendió un día de su trono en el Cielo y se posó sobre San Luis” – escribió don Guéranger. A los 800 años del nacimiento del santo Rey de Francia, el orbe católico lo recuerda con devoción y añoranza.

El 25 de abril de 1214 un niño nació en el castillo de Poissy, cerca de París. Hay hoy en el lugar un monasterio para honrar a aquel niño, que conocemos por el nombre de San Luis IX, Rey de Francia.

El feliz acontecimiento se dio en medio a una tormenta política. En ese año, su abuelo, el rey Felipe Augusto, derrotó en la batalla de Bouvines a una coalición de príncipes y nobles franceses rebelados, apoyados por el rey de Inglaterra, Juan Sin Tierra, sustentados por el emperador Othon IV y auxiliados por tropas flamencas de Holanda y Lorena.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ennoblecimiento del estado matrimonial y protección de la mujer y de los niños: otros legados medievales

Ceremonia de casamiento como era nos siglos XII y XIII
Ceremonia de casamiento como era nos siglos XII y XIII

Los obispos carolingios del siglo IX intentaron reglamentar el casamiento cristiano, redactando una seria de tratados (espejos).

En ellos, el casamiento era valorizado, la mujer reconocida como persona con pleno derecho familiar y en pie de igualdad con el marido, y la violencia sexual denunciada como crimen grave y del ámbito de la justicia pública.

Los niños también fueron objeto de reflexión en esos espejos: la maternidad fue considerada un valor (charitas = caridad), y los cónyuges tenían la obligación de aceptar y reconocer a los hijos.

Así, la acción del clero fue doble: por un lado, los obispos lucharon contra la práctica del infanticidio; por el otro, los monjes revalorizaban al niño, que pasó por un proceso de educación direccionada, de cuño integral y totalmente igualitario.

Por ejemplo, las escuelas monacales carolingias daban preferencia a niños hijos de esclavos y siervos, en vez de hijos de hombres libres, al punto de Carlomagno ser obligado a pedir que los monjes recibiesen también para educar niños hijos de hombres libres.

lunes, 10 de noviembre de 2014

En los monasterios: escuelas gratuitas para niños de todas las condiciones


Fuera del mundo secular, un espacio social lentamente impuso una nueva perspectiva a la educación infantil: el monacato.

Los monjes crearon verdaderos “jardines de infancia” en los monasterios, recibiendo indistintamente todos los niños entregados, vistiéndolos, alimentándolos y educándolos, en un sistema integral de formación educacional.

Las comunidades monásticas célticas fueron las que más avanzaron en ese nuevo modelo de educación, pues se oponían radicalmente a las prácticas pedagógicas vigentes de las poblaciones bárbaras, que defendían el endurecimiento del corazón ya en la infancia.

Por el contrario, en vez de brutalizar el corazón de los niños para la guerra y la violencia, los monjes lo abrían para el amor y la serenidad.

Los niños eran educados por todos en el monasterio hasta la edad de quince años. La Regla de San Benito prescribe diligencia en la disciplina: que los niños no sean castigados sin motivo, pues “no hagas a otro lo que no quieres que te hagan”.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El amor a los niños:
fruto bendito de la Cristiandad medieval

Federico de Sonneburg y sus hijos. Codex Manesse, fol. 407r.
Federico de Sonneburg y sus hijos. Codex Manesse, fol. 407r.
La primera herencia de la Antigüedad no es nada buena: la vida del niño en el mundo romano dependía totalmente del deseo del padre.

El poder del pater familiae era absoluto: un ciudadano no tenía un hijo, lo agarraba. En el caso de que el niño no quisiese – el hecho era bastante común – era abandonado. ¿Y qué sucedía a los abandonados? La muerte.

La segunda herencia que la Edad Media hereda de la Antigüedad, la cultura bárbara, nos fue pasada especialmente por Tácito. Él nos cuenta que la tradición germánica en relación a los niños era un poco mejor que la romana.

Los germanos no practicaban el infanticidio, las propias madres amamantaban a sus hijos y los niños eran educados sin distinción de posición social.

De esas dos tradiciones culturales que se mezclaron e hicieron emerger la Edad Media, concluyo que el status de niño en aquellas sociedades antiguas era prácticamente nulo. Hasta el fin de la Antigüedad, los niños pobres eran abandonados o vendidos; los ricos abandonados – por causa de disputas de herencia – eran entregados a la propia suerte.

En ese contexto histórico-cultural es que se comprende la fuerza y el impacto del cristianismo, que rompió con esas dos tradiciones.

lunes, 27 de octubre de 2014

De antiguos esclavos a siervos de la gleba:
la transición para el hombre libre

Luis Dufaur



Um punto que sirve para mostrar el tipo de tratamiento que existía entre los diversos grados de la jerarquía social es la comparación entre los esclavos de la Antigüedad y los siervos de la gleba en la época medieval.

En la Antigüedad el esclavo no tenía ningún derecho, ni siquiera el de la vida. Podía ser muerto por su dueño, que tenía derecho de vida y de muerte sobre él.

No tenía derecho a constituir familia. Si alguna esclava tenía un hijo, éste podía ser vendido y enviado lejos de su madre, como un animal.

Al final del Imperio Romano, cuando éste ya se había tornado cristiano, fue reconocido a los esclavos el derecho al matrimonio. Este proceso hacía parte de aquello que se llamó de humanización del Derecho Romano, atribuida a la influencia cristiana.

Tal derecho al matrimonio, entretanto, no impedía que los cónyuges pudiesen separarse, o ser vendidos, etc. No era todavía el derecho al matrimonio del hombre libre.

lunes, 20 de octubre de 2014

Santa Margarita de Cortona: ejemplo de contrición y penitencia – 2

Santa Margarita de Cortona: ejemplo de contrición y penitencia
Santa Margarita de Cortona: ejemplo de contrición y penitencia

continuación del post anterior

Radicalidad en la penitencia obtiene el perdón divino

Preocupada en evitar una recaída en el pecado, Margarita cortó su hermosa cabellera, que tanto orgullo le causaba, expuso el rostro al sol para perder su frescor, y examinaba cómo reparar su escándalo. Pasó a dormir en el suelo y a alimentarse apenas de hierbas.

Cierto domingo apareció en Laviano a la hora de la Misa más frecuentada, con una cuerda al cuello, y allí, en alta voz, pidió perdón a sus conciudadanos por el mal ejemplo que les diera.

Otra vez, en Cortona, Margarita se hizo arrastrar con una cuerda al cuello por las calles de la ciudad, mientras una mujer gritaba:

“Ésta es Margarita que perdió a tantas almas; ésta es la pecadora que profanó tanto nuestra ciudad”.1

En su intento de humillarse, muchas más cosas habría hecho, si la obediencia se lo hubiese permitido.

Margarita pasaba horas y horas de rodillas delante del Crucifijo, llorando por sus pecados. Su arrepentimiento fue tan profundo y sincero, que un día el Crucificado le dijo: “Tus pecados te son perdonados”.

lunes, 13 de octubre de 2014

Santa Margarita de Cortona: ejemplo de contrición y penitencia

Santa Margarita de Cortona, maestro anonimo, Arezzo, detalle
Santa Margarita de Cortona, maestro anonimo, Arezzo, detalle
Margarita nació en la ciudad de Laviano, en la Toscana (Italia), a mediados del siglo XIII. De su primera infancia nada se sabe, a no ser que perdió a su madre cuando tenía siete u ocho años.

Como sucede con cierta frecuencia, la madrastra que vino a ocupar el lugar de su progenitora, dos años después de su muerte, comenzó a tratarla mal, encontrando defectos en todo lo que ella hacía.

Pues bien, Margarita tenía un corazón tierno y una naturaleza ardiente. Y al no encontrar en casa el afecto que necesitaba, fue a buscarlo afuera. Se volvió una adolescente hermosa, llena de gracias y encantos.

Esto constituyó su desgracia. Cuando tenía quince años, el hijo del señor de Montepulciano se enamoró de ella y la convenció para ir a vivir con él pecaminosamente, prometiéndole que se casarían en un futuro.

Remordimientos de consciencia sofocados

En medio del lujo, las fiestas, los paseos, Margarita reprimía su consciencia, que de tiempo en tiempo como un aguijón la torturaba. Más tarde dirá: “En Montepulciano perdí la honra, la dignidad, la paz; perdí todo, menos la fe”.

Y era esa fe que afloraba, la que le hacía soñar con otra vida muy diferente de la que entonces llevaba. Algunas veces, por ejemplo, viendo ciertos lugares recogidos, comentaba:

lunes, 6 de octubre de 2014

La unión europea ordenada y cristiana medieval y la desunión caótica de la Unión Europea hodierna

La agricultura tuvo enormes desarrollos en la Edad Media.

En el paganismo era tenida como una profesión vil y, por eso mismo, tarea de esclavos maltratados, usando instrumentos rudimentarios y produciendo poco.

Sin embargo, en las abadías medievales todo cambió. Los monjes desarrollaron prodigiosamente los instrumentos agrícolas, crearon modos de recuperar las tierras, inclusive las menos aprovechables, descubrieron el modo de abonar y fertilizar, combatir a los insectos, seleccionar las especies, preservar los insectos y animales útiles, criar ganado de modo intensivo, hacer huertas en los espacios confinados de las abadías; estudiaron vegetales y animales para extraer de ellos los más variados productos, alimenticios o medicinales, secaron pantanos, canalizaron ríos, racionalizaron el aprovechamiento de las florestas, importaron y exportaron de o para otras abadías próximas o lejanas nuevas variedades vegetales o animales; aplicaron nuevas técnicas de cosecha, transporte y almacenamiento de granos y carnes, crearon toda especie de quesos, vinos, cervezas, champanes, fiambres y dulces, ¡y aún la lista es limitada!

lunes, 29 de septiembre de 2014

La guerra santa en Carlomagno y sus Pares

Carlomagno en batalla contra los sajones, British Library
Carlomagno en batalla contra los sajones, British Library
Vamos a imaginar a Carlomagno en el momento de lanzarse contra los sarracenos que invadieron el sur de España.

Entonces, él está con su tienda armada, pero es una tienda linda, guerrera, militar, con pendones, etc., etc.

Una tienda medieval con guerreros andando de un lado a otro con una compenetración que es de hombre que está yendo para la guerra sagrada.

Entran cinco, ocho, diez hombres. Son los pares de Carlomagno que se aproximan. Carlomagno está majestuoso, con reposo fecundo, de esos reposos que tienen hombres prontos para la batalla.

lunes, 22 de septiembre de 2014

La “minúscula carolingia” cambió el rumbo de la cultura y de la alfabetización

El Sacramentario de Tyniecki adoptó  la minúscula carolingia, clara y fácil de leer
El Sacramentario de Tyniecki adoptó
la minúscula carolingia, clara y fácil de leer
Nada más básico para la lectura que la escritura legible y una buena caligrafía o tipografía.

El lector imagine un texto escrito todo en mayúsculas, sin espacios entre una palabra y otra. Sería muy penoso de leer.

Era el caso de la escritura de los romanos, de la cual proviene la nuestra.

Los romanos escribían así, como está registrado en innúmeros monumentos, como en el arco de Septimio Severo en Roma, por ejemplo.

Debemos la facilidad de lectura de nuestra escritura a la Edad Media. Y sobre todo al emperador Carlomagno.

Por vuelta del año 780, el emperador ordenó que la Escuela Palatina, que funcionaba en su palacio, pasase a usar letras minúsculas y pusiese espacios entre las palabras.

Fue así que se tornó oficial la “minúscula carolingia”, antepasada directa de nuestra escritura.

Carlomagno actuó aconsejado por el abad Alcuino, monje benedictino de York, y que fue una especie de ministro de Educación muy querido por el emperador.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cómo y por qué Carlomagno mandó alfabetizar el mayor número posible

Carlomagno, alma del renacimento de la cultura e introductor de la alfabetización popular
Carlomagno, alma del renacimento de la cultura e introductor de la alfabetización popular
Continuación de una Epístola de Carlomagno dirigida a Baugulgum, abad de Fuldens

Está escrito en la Biblia: “Tú serás justificado o condenado por tus palabras”. Si bien, en efecto, sea mejor actuar bien que ser sabio, entretanto es preciso saber antes de actuar.

“Que cada uno comprenda tanto más la amplitud de sus deberes cuanto más su lengua se entregue sin error a los loores de Dios”.

Él dice que sin duda es preciso actuar bien, y es mejor actuar bien que saber muchas cosas.

Pero uno nunca actúa bien cuando previamente no sabe bien las cosas. Y uno sabe mejor las cosas cuando fue enseñado por alguien que se expresa bien.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Carlomagno exhorta a obispos y abades:
alfabeticen a todos los que puedan aprender

San Amando, obispo de Maastricht, dicta su testamento.  Vida y milagros de San Amando, siglo XII.  Biblioteca Municipal de Valenciennes, Ms.501, f.58v-59
San Amando, obispo de Maastricht, dicta su testamento.
Vida y milagros de San Amando, siglo XII.
Biblioteca Municipal de Valenciennes, Ms.501, f.58v-59
Lea el post anterior: La coronación de Carlomagno y la doctrina de las dos espadas, símbolo de los poderes de la Iglesia y del Estado


En el libro “Charlemagne” de Alphonse Vétault (Tours, Ed. Alfred Mame et fils, 1876) hay una Epístola ad Baugulgurn abbatem Fuldens. Es una carta de Carlomagno dirigida a ese abad de Fulda:

Carlos, por la gracia de Dios, rey de los Francos y de los Lonbardos, patricio de los Romanos, en nombre de Dios Todopoderoso, saludos.

Hay frases aquí que encantan y tienen una grandilocuencia que no se sabe cómo elogiar: “Carlos, por la gracia de Dios, rey de los Francos y de los Lombardos, patricio de los Romanos, en nombre de Dios Todopoderoso, saludos”.

En un saludo está todo dicho.

Sepa vuestra devoción a Dios, que después de haber deliberado con nuestros fieles, estimados de los obispados y monasterios que, por la gracia de Cristo, fueron colocados bajo nuestro gobierno, más allá del orden de la vida regular y las prácticas de nuestra santa religión, deben, también aplicar su celo al estudio de las letras, y enseñar a aquellos que con auxilio de Dios puedan aprenderlas, cada uno según su capacidad.

Así, en cuanto la regla bien observada sustenta la honestidad de las costumbres, la preocupación de aprender y de enseñar, de bien aprender y de enseñar, pone el orden del idioma, de manera que aquéllos que quieran agradar a Dios viviendo bien, no sean negligentes en agradarle hablando bien.

 
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