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lunes, 9 de marzo de 2015

Árbitro de la Cristiandad
San Luis, estadista de la Cristiandad 6

San Luis: estatua en Saint Louis, Missouri, EEUU.  Fondo: rosácea de Notre Dame de París.
San Luis: estatua en Saint Louis, Missouri, EEUU.
Fondo: rosácea de Notre Dame de París.


continuación del post anterior: “Resurrección” y Cruzada

A partir de 1241empeoraron las noticias provenientes de Europa Oriental y de Tierra Santa. La invasión de los mongoles llegó a Polonia, a Hungría y a Rumania, después de devastar Rusia y Ucrania.

El jefe mongol Subedei miraba al corazón de Europa, pero después de aplastar al rey de Hungría en Mohi, volvió apresurado para Asia por razones no esclarecidas. La valiente reina Blanca quedó muy temerosa, pero San Luís parecía ser el único que intuía que la invasión no prosperaría.

“Cuando vio a Europa amenazada por los tártaros – cuenta Pourrat – San Luís dijo: `Tened coraje madre mía; o nosotros los ponemos en las puertas del infierno o ellos nos abrirán las puertas del Cielo´”.

El santo fue perspicaz estratega y hombre de fe: o él los vencería y ellos irían al infierno por ser paganos horriblemente criminales, o él moriría e iría al Cielo. Nada se perdería luchando contra ellos.

Una de las situaciones más tempestuosas para arbitrar se dio en Bretaña, un ducado enfeudado a Francia pero casi independiente de los puntos de vista de gobierno, cultural, étnico y lingüístico.

Allá, Pierre de Dreux, pariente de San Luís, se tornó Duque. Audaz jefe de guerra, pero turbulento señor feudal, Pierre ganó el sobrenombre de “Mauclerc” (mal clérigo) por sus exacciones a la Iglesia.

Sus fricciones con los obispos bretones le valieron diversas excomuniones. Los Papas poco consiguieron junto a este hombre que dividió la nobleza con conflictos de toda especie.

Después de innúmeros desórdenes, San Luís entró militarmente en Bretaña y lo despojó del ducado por felonía. “Mauclerc” se rebeló, pero el ejército real, apoyado por buena parte de la nobleza bretona, extinguió la rebelión.

Pìerre de Dreux se sometió al joven rey en París, en 1234. San Luís no lo humilló, sino que dispuso que Bretaña quedara en poder del hijo de él, Juan, el cual, a su vez, juraría vasallaje al rey de Francia junto con los nobles rebeldes.

El santo monarca concedió a Pierre de Dreux el pequeño feudo de Braine. Así, “Mouclerc” se volvió “Braine” y acompañó al rey en la Cruzada a Egipto, donde fue gravemente herido y murió al volver, recibiendo digna sepultura en la necrópolis familiar de Dreux.

Árbitro entre Papas y Emperador

San Luis en el encuentro con el Papa Inocencio IV, en Lyon, 1248.  Louis-Jean-Francois Lagrenée (1724 – 1805)
San Luis en el encuentro con el Papa Inocencio IV, en Lyon, 1248.
Louis-Jean-Francois Lagrenée (1724 – 1805)
Mucho más complicada era la secular lucha entre el máximo poder temporal de la Cristiandad – el emperador del Sacro Imperio – y el supremo poder espiritual, e indirectamente temporal, de los Papas.

El emperador Federico II Hohenstaufen invistió contra los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV, habiendo sido excomulgado dos veces. Gregorio IX lo calificó de “Anticristo”. Inocencio IV, un año apenas después de su elección, huyó de Italia perseguido por él.

Nobles partidarios de uno y de otro estaban en situación de guerra civil y religiosa en Alemania y en Italia. En ese enfrentamiento, el rey santo, que ya era el más respetado de los príncipes cristianos, podría haber hecho prevalecer su influencia sobre el Papa y el Emperador.

Entretanto, rehusó a eso, pues quería reconciliarlos respetando sus superioridades. Francia estaba prosperando tanto, que podía arcar sola con la responsabilidad de la Cruzada. Pero Luís quería unirlos en esta santa empresa.

Gregorio IX ofreció la corona imperial al conde Roberto de Artois, hermano de San Luís. Con todo, el rey no aceptó, pues podía parecer usurpación y falta de respeto al emperador.

El 3 de mayo de 1241, arzobispos franceses que iban a un concilio convocado por Gregorio IX fueron presos por Federico II. San Luís IX le pidió explicaciones, a lo que él respondió secamente:

“Que vuestra majestad real no se espante cuando César prende en el aprieto y en la angustia a aquellos que vinieron para crear angustia al César”. San Luís IX retrucó con tanta habilidad que los arzobispos fueron liberados.

Expulsado de Italia, Inocencio IV se instaló en Lion y marcó para 1245 un Concilio que juzgaría al Emperador. Éste reunió un ejército en Turín, buscando impedir la asamblea. San Luís IX le hizo saber, con tacto y fuerza: “No toquéis en el Soberano Pontífice, para que no incurras en la cólera de Dios”.

San Luis mediador en un litigio entre el rey de Inglaterra y eus barones.  Georges Rouget (1783-1869), Versailles
San Luis mediador en un litigio entre el rey de Inglaterra y eus barones.
Georges Rouget (1783-1869), Versailles
El emperador entendió: envió al Concilio un jurista para defenderlo, comunicó que iría a la Cruzada contra los mongoles y los sarracenos, y que indemnizaría a la Santa Sede.

Pero no cumplió lo prometido, volviendo a los abusos. Fue entonces excomulgado. Abandonado por buena parte de sus adeptos, pidió la intercesión de Luís IX.

Éste marcó un encuentro sigiloso con Inocencio IV en la abadía de Cluny. San Luís imploró al Papa que aceptase la propuesta del Emperador a cambio de la obligación de ir a la cruzada. El litigio sólo acabó con la muerte del Emperador.

Al final del caso, San Luís quedó consolidado como árbitro de la Cristiandad, en él confiando Papas, emperadores, episcopados y nobleza, además de corporaciones de oficio, de estudiantes y ciudades libres.

continúa en el próximo post: Las Cruzadas


AS CRUZADASCASTELOS MEDIEVAISCATEDRAIS MEDIEVAISHERÓIS MEDIEVAISORAÇÕES E MILAGRES MEDIEVAISCONTOS E LENDAS DA ERA MEDIEVALA CIDADE MEDIEVALJOIAS E SIMBOLOS MEDIEVAIS

lunes, 23 de febrero de 2015

“Resurrrección” y Cruzada
San Luis, estadista de la Cristiandad 5

San Luis se despierta y anuncia la decisión de partir en Cruzada
San Luis se despierta y anuncia la decisión de partir en Cruzada


Continuación del post anterior: La Corona de Espinas y la Sainte Chapelle


San Luís regresó de Taillebourg padeciendo una disentería que se agravó rápidamente. Ésta había sido la causa de la muerte de su padre, Luís VIII.

La reina madre, Blanca de Castilla, pidió al abad de Saint-Denis – abadía donde reposan los restos de los reyes de Francia – que expusiese a veneración pública el cuerpo del glorioso San Dionisio, protector del reino, así como las reliquias de San Eleuterio y San Rústico, sus compañeros de martirio. San Luís ya había hecho su testamento, y murmuraba en voz baja:

“Miradme. Yo era el hombre más rico y más noble del mundo, el más poderoso de todos por los tesoros, por mi poder y por mis amigos, y he aquí que no puedo obtener de la muerte ni siquiera una tregua, ni una hora a la enfermedad. ¿De qué vale todo eso?”

Cuando él perdió el conocimiento, los médicos anunciaron su fin inminente. El Palacio Real se llenó de lamentaciones, suspiros y llantos. El clero recibió la orden de preparar las exequias. En cierto momento, se creyó que el santo héroe había muerto.

Joinville cuenta: “Él llegó a tal punto, que una de las damas alrededor quiso retirar el paño del rostro, diciendo que estaba muerto. Otra no quiso. Y mientras discutían, Nuestro Señor actuó en él y le devolvió la salud. En seguida que pudo hablar, pidió que le impusiesen la Cruz, y así se hizo. Entonces, al oír decir que él había hablado, la reina madre manifestó el más grande júbilo que podía. Pero cuando supo que el hijo se había cruzado [decidido ir a la Cruzada], como él mismo decía, ella quedó en un estado de luto como si lo hubiese visto muerto”.

Vitral de la catedral Notre Dame de París  representando a San Luis rey
Vitral de la catedral Notre Dame de París
representando a San Luis rey
San Luís IX explicó que Nuestro Señor lo había sacado de entre los muertos para que adoptase la Cruz, formase un ejército y reconquistase Jerusalén, que gemía desde 1187 bajo la tiranía musulmana.

Las reinas Blanca y Margarita, los consejeros reales y las altas autoridades eclesiásticas intentaron de todo para disuadirlo. Pero en vano. Él tenía certeza de que había sido salvado de las fauces de la muerte para cumplir esa misión, y no por una simple misericordia de Dios.

Del antiguo reino de Jerusalén sólo quedaba San Juan de Acre y algunos puertos más, destartalados. El espíritu sobrenatural de la Cruzada estaba muerto. San Luís IX lo resucitaría con el fervor de los tiempos de Godofredo de Bouillon y sus compañeros de expedición.

Reformador sabio y prudente

Previendo una ausencia larga o definitiva, Luís IX quiso, antes de lanzarse en la Cruzada, palpar el estado del reino, dar protección a los más débiles y reconciliar a los poderosos.

En 1247, inspectores recorrieron el reino como otrora los missi dominici de Carlomagno. Dominicanos y franciscanos, Órdenes que vivían un momento de fervor y seriedad, iban en duplas anotando las quejas de los pobres en los campos y en las ciudades, sin tomar contacto con los bailios (gobernadores de provincia, al mismo tiempo jueces, jefes militares y recogedores de impuestos).

La investigación permitió a San Luís modificar el Consejo Real, cambiarles tres cuartos de los bailios y definir los límites precisos de sus poderes.

También moderó los poderes judiciales de la alta nobleza, haciendo que todo el reino pudiese apelar al rey como juez supremo.

El escudo de oro de San Luis
El escudo de oro de San Luis
San Luís también estableció reglamentos relacionados a las costumbres de las corporaciones de oficio – los “sindicatos” de la época – concediéndoles autonomía y estabilidad.

Reorganizó la Intendencia de París y creó una moneda: el escudo de oro y el grand denier de plata para facilitar el comercio, poner fin a los fraudes y moralizar a actividad económica.

Un gobernante de hoy que interviniese tanto en las costumbres del país se tornaría antipático, pero el carisma real y la luz de la santidad del monarca brillaron en esas reformas y él fue bendecido por el pueblo.

El escudo de oro fue la primera moneda, en el sentido moderno, emitida por un rey. En ella estaba acuñado el escudo – de donde el nombre – con el blasón fleurdelisé del santo rey.

El escudo de San Luís fue padrón hasta la Edad Moderna, siendo reeditado por sus sucesores e imitado por obispos, príncipes y señores que emitían moneda, y hasta aún por los Papas, porque era digno de fe y libre de fraude.

¡La moneda fue conservada por muchos como una medalla religiosa! Así, hubo un plebiscito mudo aprobando la confianza de los franceses en su rey.

Continua en el próximo post: Árbitro de la Cristiandad


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lunes, 9 de febrero de 2015

La Corona de Espinas y la Sainte-Chapelle
San Luis, estadista de la Cristiandad 4

San Luis: estatua de la cripta de la Sainte Chapelle.  Fondo: capilla superior. Corona de Espinas en el relicario actual.
San Luis: estatua de la cripta de la Sainte Chapelle.
Fondo: capilla superior. Corona de Espinas en el relicario actual.
Luis Dufaur


Continuación del post anterior: El banquete de Saumur

Mientras ponía orden en Francia y preparaba la Cruzada, San Luis ejecutó un proyecto que marca a Francia hasta hoy.

En 1239, el Imperio de Bizancio consignó la Corona de Espinas a banqueros venecianos como prenda de una deuda de 135.000 libras tournois. (5).

¡La cantidad equivalía a la mitad de las entradas del reino francés en un año!

Entretanto, si comparada con los presupuestos multimillonarios de los gobiernos actuales, parece pequeña: U$ 33.446.900,00.

San Luis asumió la deuda, con la condición de que la reliquia quedase bajo la guardia de la casa real francesa, en una negociación podría ser comparada a préstamos actuales del FMI y bancos multinacionales.

Firmados los acuerdos y confirmada la autenticidad de la reliquia, ésta fue llevada a Francia por religiosos dominicanos.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Rey mientras que santo y santo mientras que rey
San Luis, estadista de la Cristiandad 2

San Luis recibe enviados del Viejo de la Montaña, o Príncipe de los Asesinos,  secta islámica. Guy-Nicolas Brenet  (1728 — 1792)
San Luis recibe enviados del Viejo de la Montaña, o Príncipe de los Asesinos,
secta islámica. Guy-Nicolas Brenet  (1728 — 1792)
Luis Dufaur








Continuación del post anterior: Cachorro de León

San Luis habría preferido vivir en un monasterio, en la abstinencia y en la meditación, explicó en conferencia el renombrado historiador Georges Bordonove.

Entretanto, nació en una cuna de oro agitada por la Historia y con una misión divina: regir a la hija primogénita de la Iglesia y tornarse el árbitro de la Cristiandad en el siglo XIII. Su aspiración a la santidad fue realizada en la responsabilidad tremenda de monarca y estadista europeo.

“Él sabía comparecer en grande pompa, acoger con fausto, daba fiestas y festines cuando era necesario. Respetaba altamente su condición de rey.

“Pero en la vida privada ignoraba el lujo, mezclaba mucha agua en el vino y en los temperos para quitarles el gusto.

“Cuando iba a las procesiones, llevaba calzados sin suela para ocultar que caminaba con los pies descalzos, en el barro o en el pedregullo, pues la calles de París no estaban pavimentadas”, explicó Bordonove.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cachorro de León
San Luis, estadista de la Cristiandad 1


Luis Dufaur










“La Sabiduría eterna descendió un día de su trono en el Cielo y se posó sobre San Luis” – escribió don Guéranger. A los 800 años del nacimiento del santo Rey de Francia, el orbe católico lo recuerda con devoción y añoranza.

El 25 de abril de 1214 un niño nació en el castillo de Poissy, cerca de París. Hay hoy en el lugar un monasterio para honrar a aquel niño, que conocemos por el nombre de San Luis IX, Rey de Francia.

El feliz acontecimiento se dio en medio a una tormenta política. En ese año, su abuelo, el rey Felipe Augusto, derrotó en la batalla de Bouvines a una coalición de príncipes y nobles franceses rebelados, apoyados por el rey de Inglaterra, Juan Sin Tierra, sustentados por el emperador Othon IV y auxiliados por tropas flamencas de Holanda y Lorena.

 
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