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| Castillo de Cheverny, armas y armaduras |
Ellos apenas tenían que ser productivos.
En las miniaturas y en los vitrales medioevales aparecen tranquilos, gordos y pacíficos.
El hidalgo no. Él era hecho para todos los brillos, glorias, riesgos, y para en cualquier momento ¡despeñarse en cualquier precipicio!
¿Riesgos de la vida de un hidalgo?
¡Pero todos! ¡Todos!
Inclusive de un enemigo, que él podía encontrar en la esquina de aquellas calles tan sinuosas de las ciudades de la Edad Media, con quien él traba inmediatamente un duelo de muerte, que sería el quinto del día…
Después va a reposar en su cama, si no va, ya de una vez, al cajón de muerto…
De mañana, él nunca sabe adonde va a reposar de noche. La menor preocupación es el reposo.













