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| San Columbano |
Continuación del post anterior
Obstinado al principio, sumiso al Papa después
Si los santos pueden ser determinados, San Columbano lo era. Un poco nostálgico de su país, para él el modelo de vida religiosa era el de Irlanda. Por eso quería que todo, en las Galias, fuese como allá.
Claro que ello algunas veces parecía ventajoso y otras no. Una de las buenas costumbres irlandesas que él acabó convenciendo al episcopado franco de adoptar fue el uso de la confesión auricular, que no había en las Galias.
Pero se originó una polémica respecto al día en que se debía conmemorar la Pascua, tema controvertido desde la fundación de la Iglesia.
En un concilio nacional en las Galias fue establecida una fecha, según la orientación de Roma. En Irlanda aún se observaba el llamado canon alejandrino, muy anterior, que estipulaba otra.
San Columbano quería que la costumbre irlandesa fuese aceptada no sólo en Francia, sino en toda la Iglesia universal, intentando, en una larga y fogosa carta, convencer de eso al Papa San Gregorio Magno.













