Fue lo que sucedió en gran escala por los fines del siglo XIII.
Numerosos habían sido los nobles muertos o arruinados en las grandes expediciones, entonces muchos se tornaron nobles, hecho que dio origen a una reacción de la nobleza.
La caballería ennoblecía a quien le era conferida.
Y con el correr de los tiempos surgieron los títulos de nobleza, que en realidad fueran distribuidos muy parsimoniosamente.

La vergüenza de una hora borra bien cuarenta años de honra – se decía.
Se extinguía aún por la derogación, cuando un noble confesaba haber ejercido un oficio plebeyo o un tráfico cualquiera.
En efecto, era prohibido salir del papel que le fuera concedido.
Él no debía procurar más enriquecerse, asumiendo cargos que le podrían hacerlo negligente en aquellos a los cuales había dedicado su vida.
Entretanto, se exceptuaban dos oficios plebeyos a aquellos que, necesitando de recursos importantes, sólo podían ser ejecutados por los nobles.
Por ejemplo, la cristalería o la administración de forjas.

En el siglo XVIII, Colbert ensanchará los campos de actividad económica de la nobleza, para dar más impulso al comercio y a la industria.
(Fuente: Régine Pernoud, “Lumière du Moyen Age”, Bernard Grasset Éditeur, Paris, 1944)








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