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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Santa Navidad y feliz Año Nuevo !

Luis Dufaur
Escritor, periodista,
conferencista de
política internacional,
socio del IPCO,
webmaster de
diversos blogs



martes, 1 de septiembre de 2015

San Teodoro contra el “Sínodo del divorcio”






El santo monje boicoteó que enfrentó al emperador y al Sínodo que quiso “suavizar” el adulterio

Con el nombre de “Sínodo del adulterio” se conoce en la historia de la Iglesia una asamblea de obispos que, en el siglo IX, quiso aprobar la praxis del segundo matrimonio tras repudiar a la esposa legítima.

San Teodoro el Estudita (759-826) fue quien se opuso con más determinación, siendo por ello perseguido, encarcelado y exiliado tres veces.

Emperadores bizantinos citados en el artículo:

Constantino VI (780-797)

— María de Armenia

— Teodota

Irene (797-802)

Nicéforo (802-811)

Miguel I (811-813)

León V (813-820)

Un caso de comunión de divorciados

Todo comenzó en enero del año 795 cuando el emperador romano de Oriente (basileus) Constantino VI (771-797) hizo encerrar a su esposa María de Armenia en un monasterio e inició una unión ilícita con Teodota, dama de honor de su madre Irene.

Unos meses más tarde el emperador hizo proclamar “augusta” a Teodota, pero al no conseguir convencer al patriarca Tarasio (730-806) para que celebrase el nuevo matrimonio, encontró por fin un ministro complaciente en el sacerdote José, higúmeno del monasterio de Katara, en la isla de Ítaca, que bendijo oficialmente esa unión adúltera.

San Teodoro el Estudita, junto con su abad San Platón, plantaron cara a Constantino VI y a los patriarcas complacientes con su unión adúltera.

San Teodoro, nacido en Constantinopla en 759, era entonces un monje del monasterio de Sacudión en Bitinia, del que era abad su tío Platón, venerado también él como santo.

Constantino VI y su madre Irene. Moneda de oro, años 780-790.
Constantino VI y su madre Irene.
Moneda de oro, años 780-790.
Teodoro recuerda que el injusto divorcio produjo una honda conmoción en todo el pueblo cristiano: concussus est mundus (Epist. II, n. 181, in PG, 99, coll. 1559-1560CD) y junto a San Platón protestó enérgicamente en nombre de la indisolubilidad del vínculo.

El emperador debía ser considerado un adúltero -escribió- y por consiguiente el sacerdote José debía ser considerado gravemente culpable por haber bendecido a los adúlteros y haberles permitido recibir la Eucaristia.

“Consagrando el adulterio” el sacerdote José contravenía la enseñanza de Cristo y violaba la ley divina (Epist. I, 32, PG 99, coll. 1015/1061C).

Según Teodoro había que condenar también al patriarca Tarasio el cual, aunque no había aprobado la nueva unión, se había mostrado tolerante al no excomulgar al emperador y no castigar al ecónomo José.

Patriarcas de Constantinopla citados en el artículo:

Tarasio (784-806)

Nicéforo I (806-815)

La Iglesia oriental y la indisolubilidad del matrimonio

Esta actitud era típica de un sector de la Iglesia oriental que proclamaba la indisolubilidad del matrimonio, pero que en la praxis demostraba una cierta sumisión frente al poder imperial, confundiendo así al pueblo y suscitando la protesta de los católicos más fervientes.

Basándose en la autoridad de San Basilio, Teodoro reivindicó la facultad concedida a los súbditos de denunciar los errores del propio superior (Epist. I, n. 5, PG, 99, coll. 923-924, 925-926D) y los monjes de Sacudión rompieron la comunión con el patriarca por su complicidad en el divorcio del emperador.

Estalló así la conocida “cuestión moiqueiana” (de moiqueia= adulterio) que enfrentó a Teodoro no sólo con el gobierno imperial, sino también con los propios patriarcas de Constantinopla.

Es un episodio poco conocido desvelado hace algunos años por el profesor Dante Gemmiti en una cuidadosa reconstrucción histórica basada en las fuentes griegas y latinas (Teodoro Studita e la questione moicheiana, LER, Marigliano 1993), que confirma como en el primer milenio la disciplina eclesiástica de la Iglesia de Oriente aún respetaba el principio de indisolubilidad del matrimonio.

Abades de Studion citados en el artículo:

San Platón (734-813)

San Teodoro (759-826)

El emperador persigue a quienes le acusan

En septiembre de 796 Platón y Teodoro fueron detenidos con algunos monjes de Sacudión, encarcelados y después exiliados a Tesalónica, adonde llegaron el 25 de marzo de 797.

Sin embargo, en Constantinopla el pueblo consideraba a Constantino un pecador que seguía dando público escándalo y, siguiendo el ejemplo de Platón y Teodoro, la oposición aumentaba a medida que pasaban los días.

El exilio duró poco porque el joven Constantino, víctima de un complot de palacio, fue mandado cegar por su madre, quien asumió las riendas del imperio.

San Teodoro el Estudita, ícono moderno escuela bizantina.
San Teodoro el Estudita, ícono moderno escuela bizantina.
Irene hizo volver a los exiliados, que se trasladaron al monasterio urbano de Studion junto a la gran parte de la comunidad de los monjes de Sacudión.

Teodoro y Platón se reconciliaron con el patriarca Tarasio que, tras la llegada de Irene al poder, había condenado públicamente a Costantino y al sacerdote José por el divorcio imperial.

También el reinado de Irene fue breve. El 31 de octubre de 802 uno de sus ministros, Nicéforo, tras una revuelta palaciega, se proclamó emperador.

Cuando al poco tiempo Tarasio murió, el nuevo basileus hizo elegir como patriarca de Constantinopla a un alto funcionario imperial, también él llamado Nicéforo (758-828).

Nuevo enfrentamiento

A mediados de 806 Nicéforo convocó y presidió un sínodo durante el cual reintegró a sus funciones al higúmeno José, que había sido destituido por Tarasio.

Teodoro, que se había convertido mientras tanto en cabeza de la comunidad monástica de Studion tras el retiro de Platón a una vida eremítica, protestó enérgicamente contra la rehabilitación del sacerdote José y cuando éste retomó su ministerio sacerdotal rompió la comunión con el nuevo patriarca.

La reacción no tardó en llegar. El monasterio de Studion fue ocupado militarmente; Platón, Teodoro y el hermano José, arzobispo de Tesalónica, fueron arrestados, condenados y exiliados.

El “sínodo del adulterio”: tolerancia vs ley de Dios

En el año 808 el emperador convocó otro sínodo que se reunió en enero de 809 y que Teodoro definió, en una carta al monje Arsenio fechada ese mismo año, como “moechosynodus”, el “Sínodo del adulterio” (Epist. I, n. 38, PG 99, coll. 1041-1042c).

El Sínodo de los obispos reconoció la legitimidad del segundo matrimonio de Constantino, confirmó la rehabilitación del higúmeno José y anatematizó a Teodoro, Platón y el hermano José, que fue destituido de su cargo de arzobispo de Tesalónica.

Para justificar el divorcio del emperador, el Sínodo utilizó el principio de la “economía de los santos” (tolerancia en la praxis).

Pero para Teodoro ningún motivo justificaba la transgresión de una ley divina e invocando las enseñanzas de San Basilio, de San Gregorio Nacianceno y de San Juan Crisóstomo, declaró privada de fundamento en las Escrituras la disciplina de la “economía de los santos”, según la cual en algunas circunstancias se podía tolerar un mal menor, como en este caso el matrimonio adúltero del emperador.

La polémica de los iconoclastas [enemigos de las imágenes]

El emperador Nicéforo murió unos años después, el 25 de julio de 811, en la guerra contra los búlgaros y ascendió al trono otro funcionario imperial, Miguel I.

San Teodoro el Estudita se atrevió a desafiar al poder imperial y a las jerarquías eclesiásticas que intentaron sin fruto cohonestar el pecado del divorcio.
San Teodoro el Estudita se atrevió a desafiar al poder imperial
y a las jerarquías eclesiásticas que intentaron sin fruto
cohonestar el pecado del divorcio.
El nuevo basileus [emperador] hizo volver del exilio a Teodoro, que se convirtió en su consejero de mayor confianza.

Pero la paz duró poco. En el verano de 813 los búlgaros infligieron una durísima derrota a Miguel I cerca de Adrianópolis y el ejército proclamó emperador al jefe de los soldados de la thema de Anatolia, León V el Armenio (775-820).

Cuando León destituyó al patriarca Nicéforo e hizo condenar el culto de las imágenes, Teodoro asumió el mando de la resistencia contra los iconoclastas.

De hecho, Teodoro se distinguió en la historia de la Iglesia no sólo como oponente al “Sínodo del adulterio”, sino también como uno de los grandes defensores de las imágenes sagradas durante la segunda fase de la iconoclastia.

Así, el domingo de Ramos de 815 tuvo lugar una procesión de mil monjes del Studion que dentro de su monasterio, pero a la vista de todos, portaban iconos sagrados mientras entonaban solemnes cantos de aclamación en su honor.

La procesión de los monjes del Studion desencadenó la reacción de la policía.

Entre el 815 y el 821 Teodoro fue flagelado, encarcelado y exiliado en distintos lugares de Asia Menor.

Al final volvió a Constantinopla, pero no al monasterio, estableciéndose con sus monjes en la otra parte del Bósforo, en las islas Príncipe, donde murió el 11 de noviembre de 826.

San Teodoro, como San Juan Bautista

El “non licet” (Mt 14, 3-11) [“no es lícito”] que San Juan Bautista lanzó al tetrarca Herodes por su adulterio ha resonado varias veces en la historia de la Iglesia.

San Teodoro el Estudita, un simple religioso que se atrevió a desafiar al poder imperial y a las jerarquías eclesiásticas de su tiempo es considerado uno de los protectores celestiales de quien todavía hoy, frente a las amenazas de cambio en la praxis católica sobre el matrimonio, tiene el valor de repetir un inflexible non licet.

(Autor: Roberto de Mattei / Corrispondenza Romana. Traducción de Helena Faccia Serrano).



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lunes, 13 de julio de 2015

De vuelta al presente

San Francisco de Asís participó de las Cruzadas  e intentó convertir al sultán de Egipto Bal-Malik Bal-Kamil. Fra Angelico, Lindenau Museum, Altenberg.
San Francisco de Asís participó de las Cruzadas
e intentó convertir al sultán de Egipto Bal-Malik Bal-Kamil.
Fra Angelico, Lindenau Museum, Altenberg.



continuación del post anterior: Mito 4: Los cruzados le enseñaron a los musulmanes a odiar y atacar a cristianos



Volvamos al discurso del Presidente Clinton en Georgetown. ¿Cuántas de sus referencias a la Primera Cruzada fueron acertadas?

Es cierto que muchos musulmanes que se habían rendido y refugiado bajo las banderas de algunos señores cruzados –un acto que debería haberles dado tregua– fueron masacrados por tropas fuera de control.

Aparentemente esto fue un acto de indisciplina y se afirma que esto enojaba enormemente a los señores cruzados en cuestión porque esto daba una mala imagen de ello.

Implicar –o simplemente decir– que esto fue algo querido por toda la fuerza de los cruzados, o que era parte integral de las cruzadas, es en el mejor de los casos equivocado.

De cualquier modo, John France lo ha descrito bien: “este notorio evento no debe ser exagerado… Por más fea que haya sido la masacre… no estaba lejana a lo que era la práctica común en ese entonces respecto a un lugar en resistencia”.

Y teniendo en cuenta el espacio, se podría anexar una lista larga y sangrienta, que se remonta al siglo VII, de acciones similares donde los musulmanes fueron los agresores y las víctimas los cristianos.

Sin embargo esa lista no habría servido a los propósitos del Sr. Clinton.

El Sr. Clinton estaba usando probablemente a Raymond de Aguilers cuando se refirió a “la sangre hasta las rodillas” de los cruzados.

Pero la física requerida para tal alegato es imposible, como es evidente.

Raymond estaba simplemente fanfarroneando e invocando las imágenes del Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis.

No estaba ofreciendo un hecho cierto y probablemente no quería que tal declaración fuese tomada como tal.

Y si estamos o no aún “pagando por ello”, pueden ver el Mito 4 arriba. Esta es la más seria incongruencia de todo su pasaje.

Por lo que estamos pagando no es por la Primera Cruzada, sino por las distorsiones occidentales de las cruzadas en el siglo XIX que fueron recogidas por un mundo musulmán insuficientemente crítico.

Los problemas con las afirmaciones del Sr. Clinton indican las trampas que esperan a aquellos que intentan explicar los textos antiguos o medievales sin una conciencia histórica e ilustran muy bien lo que sucede cuado uno toma recuentos históricos de a pocos –distorsionados o simplemente presentados selectivamente– que sostienen la agenda política de uno.

Este tipo de abuso de la historia ha sido penosamente común en lo que a las cruzadas se refiere.

Prof.Paul F. Crawford  del Departamento de Historia  y Ciencias Políticas  de la Universidad de California  - Pennsylvania
Prof.Paul F. Crawford
del Departamento de Historia
y Ciencias Políticas
de la Universidad de California
- Pennsylvania
Pero de nada sirve distorsionar el pasado para nuestros propios fines. O más bien, puede servir para muchas cosas… pero no a la verdad.

Las distorsiones y tergiversaciones de las cruzadas no nos ayudarán a entender el reto que plantea a Occidente un Islam resurgente y militante.

El fracaso de entender ese desafío podría ser mortal. De hecho, ya ha probado serlo. Podría tomar un largo tiempo establecer un recuento correcto sobre las cruzadas.

Ya ha pasado mucho tiempo, además, para comenzar esa tarea.


(Autor: Paul F. Crawford, de la Universidad de California-Pennsylvania. El Dr. Crawford es especialista de la historia de las Cruzadas y de las órdenes militares religiosas y autor de numerosos escritos sobre el tema. Actualmente lidera un grupo internacional de profesores que prepara la edición de la vida del líder cruzado Renaud de Châtillon.)



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lunes, 29 de junio de 2015

Mito 4: Los cruzados le enseñaron a los musulmanes a odiar y atacar a cristianos

Balduino I, rei de Jerusalén
Balduino I, rei de Jerusalén



continuación del post anterior: Mito 3: Los cruzados fueron un bloque cínico motivado por deseos materiales



Parte de la respuesta a este mito puede encontrarse arriba, en la parte del Mito 1.

Los musulmanes habían estado atacando a los cristianos por más de 450 años antes de que el Papa Urbano declarara la Primera Cruzada.

No necesitaban ningún incentivo para seguir haciéndolo. Pero hay también aquí una respuesta un poco más complicada.

Hasta hace muy poco, los musulmanes recordaban las cruzadas como una instancia en la que habían derrotado un insignificante ataque occidental cristiano.

Un iluminador pasaje se encuentra en una de las cartas de Lawrence de Arabia, quien describe una confrontación durante las negociaciones de la Primera Guerra Mundial entre el francés Stéphen Pichon y Faisal al-Hashemi (luego Faisal I de Irak).

Pichon presentó el caso por el interés francés en Siria, recordando las cruzadas, a lo que Faisal contestó con una aguda pregunta: “¿Pero, perdóneme, quien de nosotros ganó las cruzadas?”

Esto era generalmente representativo de la actitud musulmana hacia las cruzadas antes de la Primera Guerra Mundial, es decir, cuando los musulmanes se molestaban en recordarlas, que no era muy seguido.

La mayoría de los escritos históricos en árabe sobre las cruzadas antes del siglo XIX fueron producidos por cristianos árabes, no por musulmanes, y la mayoría eran positivos.

No existía tampoco una palabra árabe para “cruzadas” hasta ese periodo e incluso quienes lo acuñaron fueron, otra vez, cristianos árabes.


No parecía importante para los musulmanes distinguir entre las cruzadas y otros conflictos entre el Cristianismo y el Islam.

No había tampoco una reacción inmediata a las cruzadas entre musulmanes. Como Carole Hillenbrand destaca, “la respuesta musulmana a la llegada de las cruzadas fue inicialmente de apatía, compromiso y preocupación con los problemas internos”.

Hacia el 1130 comenzó una contra cruzada musulmana, bajo el liderazgo del feroz Zengi de Mosul (Irak). Para

ero se necesitaron algunas décadas para que el mundo musulmán se preocupara por Jerusalén, considerada en mayor estima por los musulmanes cuando no la dominaban que cuando sí lo hacen.

La acción contra los cruzados fue con frecuencia realizada como un medio para unir al mundo musulmán bajo varios aspirantes a conquistadores, hasta el 1291, cuando los cristianos fueron expulsados del territorio de Siria.

Y –sorpresivamente para los occidentales– no fue Saladino quien fue reconocido por los musulmanes como el gran líder anti-cristiano.

Ese lugar de honor usualmente fue otorgado a los más sedientos de sangre y más exitosos Zengi y Baibars, o al más público Nur al-Din.

La primera historia musulmana sobre las cruzadas no apareció sino hasta 1899. Por ese entonces, el mundo musulmán estaba redescubriendo las cruzadas, pero lo hacía con un giro aprendido de los occidentales.

En el periodo moderno, había dos escuelas europeas principales de pensamiento sobre las cruzadas.

Una de ellas, representada por gente como Voltaire, Gibbon, y Sir Walter Scott; y Sir Steven Runciman del siglo XX, veían a los cruzados como bárbaros crudos, avaros y agresivos que atacaban musulmanes civilizados y amantes de la paz, para mejorar su propia suerte.

Jesus Cristo encabeza la Cruzada
Jesus Cristo encabeza la Cruzada
La otra escuela, más romántica y representada por figuras menos conocidas como el escritor francés Joseph-François Michaud, veía a las cruzadas como un glorioso episodio en una larga lucha en la que los cristianos habían vencido a las hordas musulmanas.

Además los imperialistas occidentales comenzaron a ver a los cruzados como sus predecesores, adaptando sus actividades de un modo secularizado que los mismos cruzados no habrían reconocido o encontrado muy acordes.

Al mismo tiempo, el nacionalismo comenzó a enraizarse en el mundo musulmán.

Los nacionalistas árabes tomaron prestada la idea de una larga campaña europea contra ellos de la escuela europea antigua de pensamiento, sin considerar el hecho de que constituía realmente una mala representación de las cruzadas, y usando este entendimiento distorsionado como una forma para generar apoyo para sus propias agendas.

Ese fue el caso hasta la mitad del siglo XX, cuando, en palabras de Riley-Smith, “un Panislamismo renovado y militante” aplicó las metas de los nacionalistas árabes a un renacimiento mundial de lo que era entonces llamado fundamentalismo islámico y a lo que ahora algunos se refieren como, un poco torpemente, como jihadismo.

Esto llevó casi inexpugnablemente al origen de Osama Bin Laden y Al Qaeda, ofreciendo una perspectiva de las cruzadas tan extraña como para permitir a Laden considerar a todos los judíos como cruzados y a las cruzadas como un rasgo permanente y continuo de la respuesta occidental al Islam.

La concepción de la historia de Bin Laden es una fantasía febril. No es más preciso en su perspectiva sobre las cruzadas que lo que es sobre la supuesta unidad islámica que cree el Islam disfrutó antes de que la malévola influencia cristiana se entrometiera.

Prof.Paul F. Crawford  del Departamento de Historia  y Ciencias Políticas  de la Universidad de California  - Pennsylvania
Prof.Paul F. Crawford
del Departamento de Historia
y Ciencias Políticas
de la Universidad de California
- Pennsylvania
Pero la ironía está en que él y los millones de musulmanes que aceptaron el mensaje, recibieron ese mensaje originalmente de quienes ellos perciben como sus enemigos: de Occidente.

Entonces no fueron las cruzadas las que le enseñaron al Islam a atacar y odiar a los cristianos. Muy lejos de eso están los hechos.

Esas actividades habían precedido a las cruzadas por largo tiempo, y nos dirigen hasta el origen del Islam. En vez de eso, fue Occidente quien enseñó al Islam a odiar las cruzadas. La ironía es grande.


(Autor: Paul F. Crawford, de la Universidad de California-Pennsylvania. El Dr. Crawford es especialista de la historia de las Cruzadas y de las órdenes militares religiosas y autor de numerosos escritos sobre el tema. Actualmente lidera un grupo internacional de profesores que prepara la edición de la vida del líder cruzado Renaud de Châtillon.)


continúa en el próximo post: De vuelta al presente


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lunes, 15 de junio de 2015

Mito 3: Los cruzados fueron un bloque cínico motivado por deseos materiales




continuación del post anterior: Mito 2: Los cristianos fueron motivados por la codicia de las riquezas de los musulmanes



Este ha sido un argumento muy popular, al menos desde Voltaire. Parece creíble e incluso obligatorio para la gente moderna, dominada por la perspectiva del mundo materialista.

Y ciertamente hubieron cínicos y hipócritas en la Edad Media, –descartando las obvias diferencias de tecnología y cultura material– la gente de entonces era tan humana como nosotros, y víctima de los mismos errores.

Sin embargo, como en los primeros dos mitos, esta afirmación generalmente es falsa y se puede demostrar con una sola razón: las bajas de las cruzadas eran usualmente tan altas, que muchos, sino la mayoría de los cruzados, iban a ellas sabiendo que no iban a volver.

Un historiador militar de las cruzadas, por ejemplo, ha estimado la tasa de bajas en un aplastante 75 por ciento.

La declaración del cruzado Robert de Crésèques, del siglo XIII, de que había “venido a través del mar para morir por Dios en la Tierra Santa” –a la que efectivamente siguió rápidamente su muerte en una batalla– puede haber sido inusual en su fuerza y su cumplimiento rápido, pero no era una actitud atípica.

Es difícil imaginar una manera más conclusiva de probar la dedicación de uno a una causa que sacrificar la vida por ella… y muchísimos cruzados hicieron eso.

Esta mito también se revela como falso cuando consideramos la manera en la que los cruzados fueron animados en las prédicas. Los cruzados no fueron reclutados.

La participación era voluntaria y los participantes tenían que ser persuadidos para ir. El medio primario de persuasión era el sermón cruzado, y uno podría esperar encontrar estos sermones mostrando a las cruzadas como algo profundamente apelante.

Este, hablando en general, no era el caso. De hecho, lo opuesto es verdad: los sermones para las cruzadas estaban repletos de advertencias de que las cruzadas generaban privación, sufrimiento y con frecuencia la muerte. Que esta era la realidad de las cruzadas era algo bien sabido, en todo caso.

Como Jonathan Riley-Smith ha destacado, los predicadores de las cruzadas “tenían que persuadir a sus oyentes a comprometerse ellos mismos en empresas que interrumpirían sus vidas, posiblemente los empobrecerían e incluso los asesinarían o mutilarían, o que serían un inconveniente para sus familias, cuyo apoyo necesitarían… si es que iban a cumplir sus promesas”.

¿Entonces cómo tenía resultado la prédica?

Funcionaba porque las cruzadas eran apelantes precisamente porque era una tarea dura y conocida, y porque emprender una cruzada por los motivos correctos era entendida como una penitencia aceptable del pecado.

Lejos de ser una empresa materialista, la cruzada era impráctica en términos mundanos, pero valiosa para el alma.

No hay espacio aquí para explorar la doctrina de la penitencia como se desarrolló en la última etapa del mundo antiguo y medieval, pero es suficiente decir que la aceptación voluntaria de las dificultades y el sufrimiento era vista como una manera útil de purificar el alma (y aún lo es, en la doctrina católica actual).

La cruzada era el ejemplo casi supremo de ese sufrimiento complicado, y por eso era una penitencia ideal y muy completa.

Relacionado al concepto de penitencia está el concepto de la cruzada como un acto de amor desinteresado, de “dar la vida por los amigos”.

Desde el principio, la caridad cristiana era propuesta como una razón para las cruzadas, y esto no cambió en todo ese periodo.

Jonathan Riley-Smith trató este aspecto de las cruzadas en un artículo muy conocido para los historiadores de las cruzadas, pero inadecuadamente reconocido en el amplio mundo académico, ignorado por el público en general.

“Para los cristianos… la sagrada violencia”, subraya Riley-Smith, no puede ser propuesta en cualquier ámbito excepto en el del amor…

(y) en una era dominada por la teología del mérito esto explica por qué la participación en las cruzadas se consideraba como meritoria, por qué las expediciones eran vistas como actos penitenciales con las que se podía ganar indulgencias, y por qué la muerte en batalla era vista como martirio.

Prof.Paul F. Crawford  del Departamento de Historia  y Ciencias Políticas  de la Universidad de California  - Pennsylvania
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y Ciencias Políticas
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Como manifestaciones del amor cristiano, las cruzadas fueron producto de la renovada espiritualidad del Medioevo central, con su preocupación de vivir la ‘vita apostolica’ y expresando los ideales cristianos en activas obras de caridad, como lo fueron los nuevos hospitales, el trabajo pastoral de los agustinos y los premonstratenses y el servicio de los frailes.

La caridad de San Francisco podría apelarnos más ahora que entonces a los cruzados, pero ambas se originan de las mismas raíces.

Con lo complicado que puede ser para la gente actual creer, la evidencia sugiere fuertemente que la mayoría de los cruzados estaban motivados por el deseo de agradar a Dios, expiar sus pecados y poner sus vidas al servicio del “prójimo”, entendido en el sentido cristiano.

(Autor: Paul F. Crawford, de la Universidad de California-Pennsylvania. El Dr. Crawford es especialista de la historia de las Cruzadas y de las órdenes militares religiosas y autor de numerosos escritos sobre el tema. Actualmente lidera un grupo internacional de profesores que prepara la edición de la vida del líder cruzado Renaud de Châtillon.)

continúa en el próximo post: Mito 4: Los cruzados le enseñaron a los musulmanes a odiar y atacar a cristianos



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